Grecia: Un «Encuentro» de movimientos, una «Confrontación» con nuestras carencias

Antonis Faras y Tassos Anastassiadis

24/12/2021

¡En las circunstancias de la derrota y el retroceso de la clase, en particular desde 2015 y tras el regreso de la extrema derecha y el neoliberalismo al gobierno, una parte de la izquierda radical griega se negó a retroceder y está haciendo un esfuerzo particular para proceder a su reconstrucción! El congreso unificador(1) está previsto para el primer fin de semana de enero(2) sobre la base de un radicalismo práctico, que principalmente se niega a quedar atrapado en auto proclamaciones y certezas, considerando crucial una re-composición organizativa pero también programática de la izquierda del siglo XXI, tanto en Grecia como a nivel internacional. Aunque muchas de las cuestiones programáticas, estratégicas y tácticas requieren un mayor debate, aquí intentamos dar la impronta actual de la experiencia griega.

Un «Encuentro» de movimientos, una «Confrontación» con nuestras carencias

Vivimos en un periodo de transición que, a veces, parece estático en términos de vida cotidiana. El mundo del siglo XX con fronteras políticas, sociales e ideológicas definidas ha quedado atrás y hemos entrado en el siglo XXI con la omnipotencia del mercado, la dominación occidental y el capitalismo en el pedestal del «fin de la historia». Este status quo se ha visto sacudido por las dinámicas de la crisis, el resurgimiento de la lucha de clases e incluso las revoluciones sociales. Desde el movimiento anti-globalización, las movilizaciones que estallaron tras la crisis capitalista estructural de 2008 hasta la realidad pandémica del COVID, los fantasmas han vuelto sobre Europa, sobre el Wall Street ocupado, sobre el mundo árabe.

El capitalismo ha experimentado más crisis y conflictos de los que sus teóricos predijeron. Hasta tal punto que la pregunta «¿qué viene después del capitalismo?» concierne ahora a todo el espectro político, y no sólo a los llamados marginales y radicales. Los Estados optan por blindarse mediante la contra-insurgencia, por intensificar la competencia intraclase entre los pobres, por vincular cada vez más su poder a la protección de la riqueza de unos pocos. La derecha recurre a posiciones fascistas y racistas conjurando enemigos internos o intentando proyectar una nueva narrativa de integración. En muchos casos, asume el papel parasitario de la socialdemocracia: integra algunas reivindicaciones de los movimientos, sólo parcialmente y sólo en un marco de liberalismo que no cuestiona las condiciones políticas y productivas. Tal es el cambio en el espectro político que las posiciones históricas tradicionales de la socialdemocracia se comunican como radicalismo, incluso como política socialista (un ejemplo típico es la reacción de la Alt-Right americana y de Trump ante Biden). Ahora está claro que la defensa de la cuenta existente, «todo va bien, con algunas excepciones» de la burguesía, se ha derrumbado en los escalones del edificio del Capitolio de Estados Unidos.

El discurso de los movimientos anticapitalistas de todo el mundo, a menudo minoritario, parece comprender las fuentes de la desigualdad, identificar la explotación capitalista como la causa fundamental de las múltiples crisis y anticipar que el estigma anticapitalista se impondrá en un futuro próximo. El futuro, sin embargo, no llega por sí solo. Creemos que para que los movimientos puedan enfrentarse a los poderes dominantes, es necesaria una intervención radical y social de los movimientos y de la izquierda.

En este contexto global, ¿cuál es la situación de esta izquierda hoy en Grecia tras el colapso del «gobierno de izquierda» representado por Syriza y los efectos devastadores que tuvo? En términos socio-políticos más amplios, el gobierno de Syriza continuó y amplió las políticas neoliberales, infligiendo daños a los trabajadores, estudiantes y jóvenes, y fue fácilmente derrotado en las elecciones de 2019 permitiendo el regreso del ahora dominante y vengativo Partido de Nueva Democracia -que en los años anteriores había recibido un fuerte golpe debido a la aplicación de los memorandos.

El gobierno derechista de Grecia, al amparo de la pandemia, ha aprobado decenas de medidas para beneficiar a los ricos a costa de los trabajadores, al tiempo que ha ampliado masivamente los poderes policiales como medida de precaución ante la posibilidad de una nueva ronda de insurrección. La tarea de defender la sociedad y los derechos de los trabajadores se hace evidente, pero las luchas organizadas fluctúan: tenemos luchas que pueden considerarse marginales, que se convierten en movimientos centrales (como la lucha para apoyar al preso político Dimitris Koufondinas) y cuestiones importantes (como el reciente proyecto de ley laboral reaccionario) que pasan con una resistencia mínima.

Esta paradoja nos devuelve a la realidad de la espontaneidad en el desarrollo de la lucha social y de clases, que se deriva de los aspectos multidimensionales de la vida cotidiana, de las alternativas colectivas (o de su ausencia) y de su capacidad para conectar con los movimientos e iniciativas sociales. La izquierda revolucionaria es significativamente más débil que a principios de la década pasada, cuando estallaron poderosas dinámicas sociales en la lucha contra la austeridad, el FMI y los ataques neoliberales a la gran mayoría. Nuestras deficiencias colectivas se hicieron evidentes con la completa integración de SYRIZA en la corriente política en 2015 y la aparición del dogma TINA. Esta debilidad se reflejó en una situación de importante crisis interna que condujo a divisiones y surgimiento de grupos auto-aislados, que proyectaron la revolución como su principal «táctica» y «estrategia», y no formularon los medios ni el ritmo de estas rupturas sociales. Fuimos y somos parte de esta izquierda, compartimos sus errores y debilidades, y tenemos muchas preguntas.

Pero más allá de las preguntas, queremos tener algunas respuestas. Creemos que la izquierda del siglo XXI no debe desvincularse de su pasado histórico, sino que debe desarrollar una teoría crítica de ese pasado, para reconstruirlo de manera que tenga sentido en el presente y especialmente en los momentos críticos y de peligro. En un contexto en el que el capitalismo alimenta la profunda fatiga de la sociedad, vemos dos tendencias:

– O bien la sociedad se vuelca en la extrema derecha, que siempre re-elabora sus viejas recetas: la búsqueda de enemigos internos, la acción paraestatal, el autoritarismo, la guerra y la retórica nacional. En un clima tan reaccionario, xenófobo y racista, la izquierda revolucionaria queda a menudo marginada y registrada como una fuerza anti-popular, incluso en los temas que desea abordar.

– O bien, la izquierda entiende el movimiento actual y los deseos de muchos: los movimientos que se han desarrollado en los últimos diez años tienen en su núcleo características de democracia directa, que fueron marginadas en las tradiciones del siglo pasado. Existe un deseo práctico global de los movimientos de rechazar los modelos burocráticos, a favor de democracia directa, de «nuevas formas de vida colectiva», de establecer un nuevo modelo de intervención política como resultado de la abrumadora desconfianza en la representación política, de identificar y priorizar las necesidades radicales relacionadas con la raza, el sexo y los derechos sociales y políticos. Estas posiciones son generales, ya que los diversos experimentos, resistencias creativas y prácticas interesantes se desarrollan de forma efímera y esporádica: funcionan como cunas y laboratorios efímeros.

Para actuar de acuerdo con estas directrices, tenemos que volver a las olvidadas palabras de Lenin: «la victoria llegará sólo a los que tengan fe en la gente, a los que estén inmersos en el manantial vivificante de la creatividad social». No queremos dirigir, no queremos percibirnos como una vanguardia organizada: queremos aprender, cuidar, contribuir al encuentro y a la potenciación de los movimientos y de la estructura obrera. Queremos enfrentarnos a nuestras carencias y desarrollar una nueva identidad que comunique con la desconfianza social para transformarla en creatividad social. Kostis Palamas, un famoso poeta griego, escribió: «Escuchad. Yo soy el demoledor, porque también soy el constructor» y por ello necesitamos demoler y construir.

Una condición ineludible para la reconstrucción de la izquierda es el recuento de las derrotas acumuladas. Esta tarea no puede omitirse. Tenemos que encontrar la manera de transferir e intercambiar los experimentos fragmentarios de los últimos años, así como las ideas críticas que los acompañaron. La reconstrucción debe proceder desde abajo, asumiendo hoy una triple tarea.

1.

La tarea internacional tiene que ver con la perspectiva de extender la creatividad social, la síntesis de las demandas individuales o los movimientos nacionales en una visión más amplia de la victoria.

La izquierda internacionalista que queremos construir debe ser, por todas las razones que hemos dicho, solidaria con los perseguidos y los desheredados de todo el mundo, los pueblos, los movimientos y el planeta. Pero la solidaridad no es suficiente: también necesitamos ayuda mutua, coordinación, convergencia, organización transnacional, así como nuestro enemigo está organizado trans-nacionalmente. Por tanto, necesitamos una izquierda que entienda el mundo más allá de las anteojeras nacionales que nos impone el capitalismo y que se organice en consecuencia. Necesitamos una izquierda que sea internacional.

Internacional, no solo ética y programáticamente, si no también organizativamente: más concretamente, queremos aprender de las experiencias del resto de la izquierda, que no se limita a nuestro país, de las reflexiones, las lecciones, los procesos que pueden ayudarnos a enriquecernos, de nuestros países vecinos y de los más lejanos. Y no sólo para aprender, no sólo para apoyarnos, sino para organizar juntos nuestra existencia común, nuestras luchas comunes, nuestro futuro común.

2.

La tarea política es luchar tanto por las cuestiones de los muchos (por el trabajo, el acervo social, etc.), pero también por las cuestiones que pueden parecer relacionadas con la minoría o la identidad, pero que son necesarias para la liberación de la creatividad social, para la integración de los que son invisibles en la lucha política.

Es también saber que las reformas pueden ser útiles y necesarias, pero no son el camino hacia el derrocamiento del capitalismo y hacia el socialismo. Poner nuestra esperanza en un proceso vigoroso de reforma, por muy genuino y activo que sea, significaría ignorar el hecho de que las reformas sociales no cambian la naturaleza de la sociedad existente. Un siglo de reformas socialdemócratas en Occidente demuestra inequívocamente que las reformas no son suficientes para «superar» el capitalismo -¡y sus atrocidades volverán!

Incluso si las reformas parecen ser el único camino posible en este momento, esto no las convierte en herramientas adecuadas si, como dicen los zapatistas, la tarea es crear un mundo nuevo. Si se hacen de una manera determinada, pueden contribuir de manera inestimable a avanzar en esta dirección, pero no es en sí mismo el camino que nos llevará allí. La barbarie del mundo actual trasciende los límites más estrechos de la reforma y la transformación marginal y exige de transformaciones de largo alcance.

3.

La tarea organizativa es escapar del estado de melancolía de la izquierda, de la idea de «lo que podría haber sido» de épocas, movimientos y modelos organizativos anteriores. Tenemos que construir lo que necesitamos a partir de lo que tenemos.. Hemos sido testigos de que un nuevo esfuerzo coherente para reconstruir el movimiento y la izquierda radical puede encontrar un terreno fértil, especialmente entre los más jóvenes. Los movimientos sociales están vivos y siempre surgen nuevas movilizaciones. Las nuevas generaciones se están acercando a la izquierda y las ideas que se asemejan al comunismo (por ejemplo, una especie de « millennial socialism ») se están expandiendo en números significativos.

En esta dirección, vamos a crear una nueva organización de izquierda revolucionaria en enero con un congreso abierto, colectivo y significativo. Una nueva organización que aumente sus números y refuerce los frentes/movimientos en los que ha participado, pero que también tenga la capacidad de reconstruir tradiciones e ideas. Esta iniciativa ha sido llevada a cabo por dos organizaciones principales, llamadas Synantisi (traducido aproximadamente como Encuentro) y Anametrisi (traducido aproximadamente como Confrontación) con sus miembros incluyendo a personas que participaron en Syriza, la mayoría radical de las Juventudes de Syriza que rompieron con el partido en 2015, personas que jugaron un papel activo en Antarsya (la Coalición Anticapitalista) y otras organizaciones de extrema izquierda, jóvenes que se unieron a la lucha política después de 2015, y miembros de la 4ª Internacional.

Las ideas y valores que prevalecen en la sociedad capitalista penetran en la izquierda. Por eso la configuración de la izquierda que necesitamos es la lucha incesante por una nueva práctica de la política de izquierda radical. Con una voluntad honesta y permanente de encuentro con las demás corrientes, organizaciones y activistas de la izquierda radical, buscamos contribuir a una nueva cultura de la izquierda alejada de los malos espíritus del pasado. Queremos asumir las tareas que nos corresponden y compartir responsabilidades con las demás fuerzas de la izquierda con el criterio del bien común del movimiento. Queremos contribuir a los intentos comunes de la izquierda de pasar al contraataque construyendo y utilizando los vínculos con la sociedad en el lugar de trabajo y en los barrios y desarrollando una comunicación estratégica que utilice los medios digitales para romper la exclusión de los críticos y las voces peligrosas de la esfera pública.

En esta dirección, nos dirigimos a los activistas y movimientos del mundo: Seguid discutiendo sobre Grecia y seguid hablando de una alternativa radical en Grecia.

Como nos mostró Chile con la insurrección y la reciente lucha de su pueblo, no vamos a volver a la normalidad porque la normalidad era precisamente el problema.

Antonis Faras y Tassos Anastassiadis

24/12/2021

Antonis Faras es militante y miembro del comité de coordinación de Synantisi (Encuentro). Tassos Anastassiadis es militante de TPT (sección griega de la IV Internacional) que participa en la constitución de esta nueva organización.


From: Fourth International:


(*) En 2018 hubo una primera coalición, que giró principalmente en torno a las juventudes de SYRIZA, que ya habían abandonado el partido en 2015, (ONRA) y otros grupos, la mayoría de ellos originados en escisiones de SYRIZA. Entretanto, un gran número de militantes estaba formado por jóvenes estudiantes que podrían haberse activado políticamente después de 2015, sin cargar con la experiencia de las escisiones. Esta coalición había mantenido el nombre descriptivo de «Encuentro por una Izquierda Anticapitalista e Internacionalista». Al mismo tiempo, sin embargo, las mismas preocupaciones también las tenían las secciones originarias de ANTARSYA, una coalescencia de la izquierda anticapitalista ya en su duodécimo año, que había quedado atrapada en el retroceso+ de sus organizaciones miembros. Una escisión de las juventudes de NAR (la organización más numerosa de ANTARSYA) se había constituido como «Anametrisi» (Confrontación), con preocupaciones similares en cuanto a la necesidad de recomposición, radicalidad práctica y búsqueda programática. La unificación actual tiene como cuerpo principal estas dos entidades, «Encuentro» y «Confrontación», pero también pertenecen agrupaciones menores. Es el caso de una escisión de ARAN (organización que perteneció a ANTARSYA y posteriormente a LAE), y también de TPT (Sección Griega de la IV Internacional), y de militantes independientes.

(2) Como la variante «omikron» de la pandemia covid-19 estalla en Grecia a principios de 2022, la conferencia en el último momento se ha pospuesto unas semanas.


https://tpt4.org/?p=6934

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